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Las
Estrellas brillan por
siempre
Por:
Edgardo Pereira Torres
Fue
en tercer grado cuando
aprendí que las
estrellas brillaban con
luz propia. Brillaban
por siempre. Si en algún
momento en mi vida
entendí esa teoría de
los astros fue el pasado
sabado y no precisamente
mirando al cielo ni
escudriñando algun texto
de astronomía. Lo viví,
lo sentí, lo pude ver
con mis propios ojos en
el pueblo de los
Petateros. Alcides Curet
y Helson Rodríguez son
dos estrellas que hoy
padecen de serias
condiciones de salud. El
pueblo al que le dieron
tanta alegría con sus
ejecutorias en el
diamante se desbordó de
manera impresionante en
una actividad que tenía
como propósito recaudar
fondos para los gastos
médicos que tanto ellos
como sus familias
enfrentan desde hace
algún tiempo. Lo que era
una actividad para estas
estrellas, se convirtió
en una constelación
astral pues fueron
muchos los astros
aficionados y
profesionales que se
dieron cita para
apoyarlos. Desde que me
enteré de la actividad
mi corazón latió con
mayor ritmo y nuevamente
me dí cuenta de cuanto
amo el béisbol
aficionado y su
historia. Nunca ví jugar
a Curet y a Rodríguez lo
ví poco, pero conociendo
su rico legado no me
quedó alternativa, tenía
que hacer algo. Y fue
más fácil de lo que
pensé.

Curet
es el lider en
indiscutibles conectados
en la historia del
béisbol aficionado.
Existe una controversia
pues los records
federativos dicen que
son 952 y en Sabana
Grande aseguran que son
953. Parece que los
contaban uno a uno y no
era para menos. La
batalla entre él y Rolo
Colón, por ser el lider
de todos los tiempos,
fue algo que este
deporte no vivirá jamás.
De todas maneras
NADIE jamás llegará
a tal cifra. Dicen que
los records se hicieron
para romperse. Alcides
se aseguró de que esa
teoría no va a aplicar
al suyo. Fue miembro
fijo de la selección
nacional en la década de
los 70 y miembro
escencial de los
campeonatos de Sabana
Grande en el ‘74 y ‘81.
Contrario a Alcides
quien era bajito y hacia
de todo para embasarse,
Helson era un jugador
que impresionaba por su
físico y la bola viajaba
grandes distancias al
tocarla. En su resume se
incluye el estar en el
grupo de los 600
indiscutibles y conectó
además 90
cuadrangulares. Muy
pocos, si alguno, ha
logrado números iguales
en ambas categorías.
Como Alcides, Helson fue
miembro de los
campeonatos del ‘74 y
‘81 y estuvo en el medio
de la alineación de la
selección nacional por
mucho tiempo. Por cosas
del destino ambos
batearon exactamente
.346 de promedio por
vida y hoy estos dos
miembros del Recinto de
Inmortales también por
cosas del destino luchan
por sobrevivir.

Me
enteré de la condición
de ambos escasamente
cinco dias antes de la
actividad. No eran las
siete de la mañana ese
día y ya había llamado a
Tony Fontánez con quien
había ido a algunas
prácticas de la
selección nacional
cuando era yo un
jovencito y Tony era el
tercer, cuarto o quinto
bate del equipo en donde
Helson estaba también y
sabia de su amistad.
Teníamos que hacer algo.
En este mísmo año
habíamos pasado por la
tragedia de perder a
Guarionex Rodríguez y
reconocía que estos
peloteros al igual que
Guario ya no eran
solamente de su comarca
y se habían convertido
en símbolos patrios. Se
me ocurrió la idea de
acudir a la actividad y
además llevarle algun
donativo para la causa.
Me comuniqué ese mísmo
día con todos los
apoderados de la sección
central y todos
estuvieron de acuerdo en
aportar. Fue
gratificante ver la
respuesta de cada uno de
ellos y sé que el
agradecimiento de
Alcides y Helson además
de todo el pueblo
Petatero fue genuino y
por que no, sorpresivo.
“Desde tan lejos” decían
algunos, otros se
preguntaban “¿por qué?”
La respuesta es
sencilla. En momentos
como estos nuestros
lideres se unen, dejan
atrás diferencias sin
sentido y reconocen el
honor de quienes lo
merecen. A José
Veguilla, José
Maldonado, José Vega,
Jaime Ayala y Don
Heraclio Mendoza mi
reconocimiento por su
gentileza pues no solo
lo hacían a nombre de
los equipos que dirigen,
también lo hacían a
nombre de los pueblos a
quienes le sirven. Y
desde Sabana Grande les
llevo el mensaje de
agradecimiento de tantas
personas y tantos buenos
comentarios que se me
hace imposible
plasmarlos todos en este
escrito. Se me hizo tan
fácil pues estas
personas reconocieron de
inmediato la necesidad
de la ocasión.

Planificar el viaje fue
más fácil todavía. Tony
me había dicho que no
podía ir pues comenzaba
una serie con su equipo
de la liga juvenil. Pero
su hermano Paco, que
acompañó la selección
como doctor en muchos
viajes, no tenía ese
problema. “Nos vamos a
la hora que me digas”
fue su respuesta. Le
dije a Tony que a lo
mejor llovía y así podia
ir. Dios nos recompensó
con un aguacero tal que
imposibilitó el inicio
de la serie de su
equipo. Estaba
tempranito en el parque
con una alegría que
nadie entendía y les
dije a los muchachos que
no se sorprendieran
porque no quería que se
jugara ese día, era un
plan que no venía de
nosotros. Lo mejor de
estar en el parque fue
que quien primero llegó
con su uniforme puesto
fue otra gloria del
béisbol, mi gran amigo
Sigfredo “Chuma “
Alicea, uno de los
adiestadores del equipo
que dirige Tony. Le dije
de los planes que tenía
y me dijo “Yo estaba
buscando con quien ir,
ahora me voy contigo o
con Tony, y cuando
Alcides me vea...”. Y
asi fue. Salimos de
Cayey temprano rumbo a
nuestro compromiso. No
saben como disfruté ese
viaje. Quien más habló
fue el Chuma. Fueron
tantas las anécdotas
pues el viaje duró
bastante. Me estaba
dando un banquete y le
dí tantas gracias al
Creador pues desde niño
admiraba a estos tres
compueblanos y estar con
ellos escuchándolos
hablar de béisbol era mi
primer gran regalo de
esta navidad. Y no queda
ahí. Llamaron por
teléfono a Peggy Mercado
y a Sandalio Quiñónez.
Si era verdad, a Peggy y
a Sandalio. Quienes
amamos esto y conocemos
de estas figuras, pero
no tenemos la dicha de
conocer a nuestros
héroes, era vivir un
sueño. Y ellos lo hacían
tan facil. Llegamos a
Sabana Grande y creanme,
lo que a veces pasamos
por desapercibido en
nuestros pueblos con
nuestras glorias tenemos
que vivirlo en algun
otro lugar para entender
el impacto de las
estrellas. Cuando allí
vieron a Tony y al
Chuma, no lo podían
creer. Los fanáticos
murmuraban “No habia
pitcher más bravo que
ese” en referencia a
Alicea y otros decián
“Tu nunca habías visto a
Tony Fontanez, pues
aprovecha y saluda que
es ese que está ahí”. Y
se formó la
constelación. A quien
primero vimos fue a
Samuel Morales, uno de
los toleteros más
temidos en la historia
de este deporte. Obdulio
Valentin, un zurdo que
según Chuma era tan
difícil que acababa los
primeros juegos los
domingos y todavía no
era la hora de almorzar.
También estaba Héctor
Ayala. Más de una
persona en el parque me
dijo que era el mejor
bateador natural que
sus ojos habían visto,
fue el primero en ganar
títulos de bateo en años
seguidos en el ‘77 con
.489 y en el ‘78 con
.549. Peggy Mercado,
para muchos el mejor
pelotero en el béisbol
aficionado de Puerto
Rico. Los saludé a todos
y no lo podía creer. Era
como meterme a un libro
de estadísticas pues
solo por eso los
conocía. Y habia más,
Víctor Martínez, Norman
Aguilar, Héctor Rivera,
Alexis Madera, Héctor
Valle y otros. Mi amigo
Arturo Soto se encargó
de que los conociera a
todos pues al igual que
yo Arturo se vive cada
momento de béisbol. Ví
también a José Vidro
aunque por muy poco
tiempo. Pero quien
merece mencion especial
es Juan “Igor” González.
Este estuvo todo el
tiempo con Alcides en su
hogar y más tarde
compartió en el parque
con los niños que se le
acercaban. Mi
felicitación para él. El
orden reinó durante toda
la actividad y llegaron
por fin a eso de las
doce y media Helson y
Alcides. Aquello se
quería caer. El pueblo
los saludó. Helson no es
el mísmo Sansón que
tanto atormentó a los
lanzadores de su
generación. La diabetes
le ha quitado
prácticamente toda la
fortaleza de antaño y
muchos dicen que por tal
fortaleza es que aun
está con nosotros.
Alcides no pudo
levantarse de una
camilla pero desde alli
compartió con todos.
Cuando estos seres
vieron a Tony y al Chuma
no lo podían creer y
creo que yo no lo puedo
describir. Helson abrazó
tan fuerte a Tony y le
dijo “ Tony tu aquí,
tanto tiempo mi hermano,
gracias de verdad, no lo
puedo creer” con una voz
entre cortada que hizo
que algunos lloraran. Y
cuando Alcides vió al
Chuma, quien fuera su
compañero de cuarto en
todos los viajes que
hicieron juntos al
exterior, se le salieron
las lagrimas. “Chumita
chico, estoy aquí pero
estoy vivo. No sabes
cuanto te agradezco
esto, gracias de verdad,
tu eres mi hermano”. Y
quienes estabamos cerca
no pudimos contener el
llanto al verlos en un
abrazo que parecía no
tener fin. Nos
comprometimos a volver
con otros de sus
compañeros que por
alguna razón no pudieron
acudir a la actividad.

Compartímos
con todos, las palabras
de agradecimiento no
acababan y la hacían
extensivas a Cidra,
Comerío, Aibonito,
Barranquitas y Cayey
pues a través de sus
apoderados había llegado
un gran donativo. Fue
tan emotivo que sin
darnos cuenta ya
habíamos llegado a Cayey,
con la misión cumplida y
con una satisfacción
inexplicable. Llegué a
mi hogar y miré al cielo
y aprecié por un momento
las estrellas. Yo había
compartido con tantas
ese día y me convencí
más que nunca del porque
las estrellas brillan
por siempre.

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